martes, 15 de diciembre de 2009

La Romanización en Cantabria

En el siglo II el cristianismo estaba ya extendido por todas las ciudades del Mediterráneo y afectaba a los distintos estamentos de la sociedad, aunque en distinta graduación. Mientras el campo se resistía a recibirlo, en el ejército la presencia de cristianos era ya masiva a finales del siglo III.El proceso de romanización de Cantabria implica la aceptación por parte de los cántabros del culto a las divinidades del panteón romano, a los demás dioses y diosas venerados en el Imperio, y al culto específico al emperador. Este cambio en la mentalidad religiosa de los cántabros supone muchas veces, no tanto el olvido de las deidades locales, cuanto su identificación con los dioses de Roma. La presencia de cultos paganos así lo muestra. A menor romanización, más paganismo.Las inscripciones, sobre todo funerarias, muestran que hasta el presente, no existe en el siglo IV ni una sola inscripción cristiana, y, por supuesto, tampoco en los siglos anteriores.Un ara romana, dedicada al dios Erudino.,El único hallazgo de carácter cristiano, que ha podido ser localizado en el territorio cántabro, atribuido a los siglos IV o V, es el fragmento de un crismón de vidrio verdoso-azulado, encontrado en las ruinas de Julióbriga. El segundo testimonio acerca del Cristianismo en Cantabria en el siglo VI se debe al obispo de Zaragoza, San Braulio, que un siglo más tarde escribió la vida del célebre monje San Millán. Este monje mantenía contactos con los cántabros que habitaban en las fuentes del Ebro, y especialmente con los de la ciudad de Amaya. San Millán predijo la conquista de Amaya por el rey Leovigildo. También San Isidoro habla de la conquista de Cantabria por dicho rey visigodo. Con la glosa del Códice Emilianense 39 y la inscripción de la caja de reliquias conservada en el monasterio de San Millán de Yuso, juntamente con los testimonios anteriores de San Isidoro y San Braulio, tenemos la certeza de que la Cantabria a la que viajaba San Millán era la Cantabria de las fuentes del Ebro, y no la población riojana que después llevó ese nombre. La glosa, que recoge la tradición del monasterio pero no sólo las fuentes literarias atestiguan, sino también las epigráficas. La era 625 corresponde a nuestro año 587. Esta fecha establece una fecha que marca el comienzo de las ocupaciones cenobíticas (en eremitorios rupestres) en el sur de Cantabria. Existen, también, hallazgos de carácter netamente cristiano en Cantabria que provienen de cavernas sin relación con los eremitorios.En primer lugar, el panorama cambia netamente desde los tiempos de finales del Imperio romano, en donde apenas se descubren en Cantabria huellas de la religión cristiana y sí múltiples pervivencias del viejo paganismo, a los nuevos tiempos a partir de la segunda mitad del siglo VI, en donde comienzan a descubrirse indicios de que la nueva religión se va extendiendo por el país. De esa segunda mitad del siglo VI son dos testimonios escritos, uno literario y otro epigráfico, que aluden al culto dedicado a san Martín.La devoción a este santo, que vivió en las Galias en el siglo IV (316-397), suele estar vinculada al fenómeno cenobítico, ya que eremitas y monjes occidentales consideran a san Martín como su patrono. El culto a san Martín se halla difundido por España a mediados del siglo VI. Por lo que a Cantabria se refiere, se sugiere la posibilidad de que la propia fundación del monasterio de san Martín de Turieno encaja dentro de este marco.El hecho de que san Martín sea, no sólo el iniciador de la vida monacal, sino además y desde ella, un gran apóstol del mundo rural de las Galias, nos permite sospechar que el cristianismo se estaba por entonces difundiendo en Cantabria a través del elemento monacal, debido, sobre todo, al eminente carácter rural y la escasez de ciudades, que eran el ámbito normal del clero. Los datos ofrecidos por la arqueología en Cantabria nos permite en buena medida corroborar la tesis de este origen monacal para el Cristianismo en esta región. Las cuevas son el medio preferido en que se desarrolla este tipo de vida de la época.Parece, además, que pudo existir un obispado en estas tierras. En un documento del siglo VII se ha supuesto que por entonces, en época visigoda, existía ya el obispado de Amaya.

No hay comentarios:

Publicar un comentario